
SEGÚN ATTAC-ESPAÑA:
"""16 mayo
2012: Alberto Garzón – Consejo Científico de ATTAC
España
Estamos sufriendo una crisis
financiera y una crisis económica, pero… ¿qué quiere decir esto
realmente? Para la mayoría de los economistas y tertulianos estos son procesos
aparentemente desconectados. Y, cuando hay suerte, la conexión entre ambos tipos
de crisis es poco clara y en todo caso muy débil. Tanto es así que estos días
estamos viendo cómo el gobierno español trata de rescatar al sistema financiero
con medidas que única y exclusivamente se refieren al mundo de las finanzas, sin
mención expresa al mundo de la llamada economía real. Pero, ¿qué es la economía
real y por qué se contrapone a la economía financiera? ¿Qué nexos existen entre
ambos conjuntos de procesos y cómo se produce la interacción entre ambos? Sólo
respondiendo a estas preguntas estaremos preparados para responder la pregunta
más inquietante de todas: ¿funcionarán las medidas pactadas entre PP y PSOE para
sanear el sistema financiero?
Este es un post probablemente complejo
para los no iniciados en economía, pero trataré de mantener una actitud
pedagógica con objeto de hacer más fácil la comprensión de los fenómenos
tratados. He de decir que estamos ante un post fundamental para comprender el
sistema económico capitalista y, concretamente, el funcionamiento del sistema
financiero. Estoy convencido de que quien lo siga -sobre todo si profundiza con
otros materiales- adquirirá una visión mucho más clara de la situación
actual.
El sistema financiero y sus
funciones
El motor del sistema capitalista es el crecimiento
económico, cuyos fundamentos ya explicamos en su momento. Sin crecimiento
económico no hay creación de empleo ni ampliación de las capacidades productivas
-lo que supondría mejoras tecnológicas para la sociedad-. Pero para que exista
crecimiento económico debe completarse y reiniciarse el ciclo del capital, esto
es, el proceso por el cual un empresario logra poner en marcha un exitoso
proceso de producción/venta y reinvierte los beneficios obtenidos para reiniciar
el ciclo en una escala mayor. En ese ciclo pueden distinguirse tres fases: a) la
financiación de la operación, b) el proceso de producción en sí mismo, y c) la
venta del producto. Si alguna fase no se completa el sistema entra en crisis.
Como recordaréis, estas posibilidades ya fueron descritas aquí con más
detalle.
Sabemos entonces que para que el ciclo del capital pueda
completarse, y para que haya crecimiento económico, es necesario entre otras
cosas que la primera fase -la de financiación- pueda completarse. Es decir, las
empresas que deseen iniciar procesos de producción tienen que poder obtener los
fondos de alguna parte -bien acumulándolos ellas mismas o bien obteniéndolos del
llamado sistema financiero, esto es, pidiéndolos prestado-.
En efecto,
el sistema financiero es el conjunto de instituciones que intermedia entre los
sujetos económicos que ahorran y los sujetos económicos que invierten y
consumen. Si hablamos de una empresa productiva estamos hablando de préstamos a
la inversión, necesarios para iniciar el ciclo del capital. Esos préstamos los
realizan las entidades financieras de intermediación, que para simplificar
llamaremos bancos (aunque jurídicamente pueden ser cajas, cooperativas u otras
entidades).
Los bancos tienen la capacidad de convertir el ahorro en
inversión creando dinero bancario. Como se sabe, el banco utiliza el ahorro -el
mío, por ejemplo- para prestárselo a las empresas. La primera tarea de un banco
es la de de recoger todo el ahorro posible y por eso, entre otras actividades,
los bancos compiten por captar depósitos y domiciliar nóminas. Los bancos
deciden pagar una determinada cantidad por ese ahorro captado (digamos un 1%).
La segunda tarea de un banco (1) es la de prestar ese dinero a otro sujeto
económico, es decir, a una familia, empresa o a un Estado que necesite invertir
o consumir. Por esta segunda tarea recibirá un porcentaje mayor al anterior
(digamos un 5%) de modo que la diferencia entre ambos será el beneficio de la
actividad de intermediación financiera (un 4% en nuestro ejemplo).
El
banco se limita a dejar una pequeña parte en el banco por si hay demanda de
efectivo, esto es, si la gente va a sacar dinero de la ventanilla o cajero.
Mientras no acuda todo el mundo a sacar dinero de forma simultánea, el sistema
funciona. Eso sí, como hemos dicho el banco no presta gratis. Lo hace aplicando
un tipo de interés, es decir, un porcentaje sobre el dinero
prestado.
Técnicamente hablando podemos decir que el dinero prestado a
una empresa que desea producir se convierte en capital (se transforma en
maquinaria) y simplemente espera recibir una parte de la ganancia. En realidad
el interés es una punción sobre la ganancia. O, dicho en palabras de Marx, se
produce el desdoblamiento de la ganancia en dos partes: la que recibe el
propietario del dinero -el banco- y la que recibe quien utiliza el capital -el
empresario-. Si analizamos este hecho encontramos un posible e importante
conflicto: el que se produce entre ambas partes, que luchan por llevarse la
mayor parte de la ganancia (que a su vez es obtenida sobre la base del esfuerzo
de los trabajadores). Se dice entonces que existe tensión entre el capital
financiero y el capital productivo, hasta el punto que el excesivo poder del
primero puede llevar a deteriorar la capacidad del segundo y amenazar con una
crisis (2).
El fetichismo del dinero: ¿hacer
dinero sólo a través del dinero?
Hasta este punto podemos ver que
hay dos tipos de capitalistas teóricos (3). Por un lado están los capitalistas
financieros, cuyo dinero (D) se reproduce en la forma D-D’ (donde D’>D), lo
que quiere decir que en apariencia el dinero se transforma en más dinero sin
pasar por ningún proceso. Por otro lado están los capitalistas productivos, cuyo
dinero (D) necesita pasar por un proceso de producción (P) de mercancías (M)
para que de más dinero (D’), en la forma D-M-…P…-M’-D’. Tenemos aquí dos formas
posibles de hacer dinero con el dinero disponible, pero a través de mecanismos
diferentes. El ciclo corto D-D’ se corresponde con el capitalista financiero y
el ciclo largo D-M-…P…-M’-D’ se corresponde con el capitalista productivo. ¿A
quién prefieren ustedes?
Esto genera una falsa apariencia, o lo que Marx
llamaba el fetichismo del capital (4). La gente comienza a pensar que el dinero
es capaz de generar más dinero de forma autónoma. Dado que su dinero está en el
banco y al cabo de cierto tiempo el banco le remunera un tipo de interés
determinado… el individuo tiende a pensar que es un proceso desconectado de la
realidad. Lo mismo ocurre con las acciones o lo que se llama “capital ficticio”,
y que conviene detenernos a estudiar.
Las acciones de una empresa
representan el capital invertido que hay en la misma. Imaginemos las acciones de
Repsol, que representan el capital invertido en concepto de perforadoras y toda
la infraestructura necesaria para la explotación y refinado del petróleo. Pero
en realidad el dinero está ya convertido en capital, es decir, está en esas
mismas infraestructuras. El papel que simboliza la acción es en realidad una
especie de duplicado. Aunque la acción se presenta como capital y aunque se
puede comprar y vender (en la bolsa) y tiene su propio precio (que se mueve
arriba y abajo con sus propias leyes), es en realidad capital ficticio. Por eso
cuando cae la bolsa lo que percibimos es la desvalorización de ese capital
ficticio. Pero eso no quiere decir que desaparezca capital -que se mantiene en
su sitio- sino que el capital ficticio es el que desaparece. Las acciones, como
todo título financiero, son única y exclusivamente derechos de participar en las
ganancias presentes y futuras. Eso es lo que pierde valor.
De hecho
también la deuda pública es un derecho de participar en las ganancias presentes
y futuras, solo que en este caso hablamos de impuestos. Quien compra deuda
pública no está comprando las carreteras o colegios públicos sino el derecho a
participar en la siguiente recolecta de impuestos. Lo mismo ocurre con las
acciones y los títulos emitidos por las empresas (como bonos y obligaciones): no
compran el capital per se sino el derecho de participar en las ganancias
presentes y futuras.
Si el proceso de producción falla -no se reinicia
el ciclo de capital, por ejemplo porque las empresas no venden y no obtienen
beneficios- o los impuestos son insuficientes en el caso de los Estados, el
capitalista financiero no puede cobrar su interés (la parte de la ganancia que
le corresponde). Entonces, y solo entonces, llega la crisis
financiera.
El interés y la naturaleza
parasitaria del sistema financiero
La naturaleza del sistema
financiero debe comprenderse entonces como complementaria a la del sistema
productivo en su conjunto. Es, en cierto sentido, parasitaria. Por eso autores
clásicos como Marx consideran al sistema financiero improductivo desde el punto
de vista técnico. El sistema financiero es un simple instrumento para espolear
la producción, pero a la vez puede ejercer una tensión sobre la misma. Tiene,
por lo tanto, un rol contradictorio. Sin el sistema financiero, y muy
particularmente sin el sistema bancario, no se habrían acometido grandes
proyectos -como las grandes infraestructuras; ferrocarriles, por ejemplo- porque
hubieran necesitado ser financiados poniendo de acuerdo a unas pocas grandes
fortunas. Véanse aquí los ejemplos que describí para el caso
español.
Los bancos permiten centralizar el capital, es decir, acumular
el ahorro de muchos sujetos diferentes y poder financiar con toda esa suma las
grandes inversiones vía préstamos. Eso espolea la acumulación -el crecimiento
económico- y permite al sistema económico ampliar su potencial. Pero a la vez
ese fenómeno debe sustentarse en que dicha acumulación sea suficientemente
rentable como para pagar el préstamo. Porque como el interés viene a compartir
la ganancia, sin ésta no puede devolverse el préstamo ni pagar el interés y el
sistema puede quebrar y entrar en crisis. Este hecho contradictorio lo
explicamos también aquí.
Los activos tóxicos
como manifestación de la crisis financiera
El sistema financiero
ha estado creciendo en España fundamentalmente gracias a la dinámica de
crecimiento de la actividad productiva dominante en este país, es decir, la
construcción. Esto quiere decir que ha prestado grandes cantidades de dinero a
las empresas constructoras e inmobiliarias, amén de haber especulado en los
mercados financieros internacionales (como comentábamos aquí). Esto ha permitido
al sistema financiero hacer un negocio espectacular gracias a la cantidad de
préstamos y los diferenciales de interés (la diferencia entre lo que pagaba por
financiarse y lo que recibía por prestar).
Pero la hora de la resaca
llega cuando la actividad productiva se detiene. La burbuja especulativa estalla
y el sistema productivo, que necesitaba crédito para crecer (debido a un penoso
modelo de crecimiento basado en la desigualdad), se detiene. Las constructoras e
inmobiliarias no venden, y despiden trabajadores y quiebran. Y el mismo sistema
financiero que proporcionaba la gasolina al crecimiento económico se limita a
comprobar que su fuente de obtención de ingresos se ha secado. Ya no hay a quién
darle préstamos con los que seguir obteniendo beneficios. Y además tiene que
sufrir una desvalorización de gran parte de su activo, pues esas viviendas,
suelo y préstamos varios ya no valen lo que los contables dicen que valen. Es
decir, tiene que anotarse pérdidas.
Es entonces cuando el Estado entra a
salvar entidades. Lo que hace es una socialización de pérdidas, tapando los
agujeros con dinero público. Dinero que obtiene de la deuda pública, es decir,
prestado por sujetos que adquieren derechos de cobro sobre los impuestos que
pagaremos todos. El Estado está concentrándose en tapar los agujeros para que el
sistema financiero esté saneado, pero ahora viene el problema: ¿y después,
qué?
Imaginemos que el sistema financiero queda perfectamente limpio
gracias al desembolso masivo del Estado. Ahora los bancos ya no tienen activos
tóxicos porque el Estado se los ha tragado. Pero, ¿a quién prestará el sistema
financiero ahora? ¿Con quién compartirá la ganancia productiva? ¿A qué sujeto
económico se abrazará cual parásito?
Teniendo presente que no hay
ganancia productiva -estamos decreciendo- el sistema financiero no quiere
prestar porque será asumir pérdidas. Conclusión
1: el sistema financiero no volverá a prestar hasta que la economía crezca. Pero
por otro lado la supervivencia del sistema financiero depende del sistema
productivo, que está hundiéndose. Es decir, cuanto más se hunda la actividad
productiva, más se hundirá el sistema financiero. Eso significa que en la medida
que se siga deteriorando la capacidad económica de los sujetos económicos
-empresas, familias, Estados- los activos que tiene el sistema financiero
perderán valor, es decir, nuevas pérdidas y activos tóxicos. ¡Sorpresa! Es
decir, un pozo sin fondo porque es un sistema que necesita chupar sangre
-ganancia productiva o impuestos- para sobrevivir.
Y de momento
sobrevive con nuestros impuestos, a falta de actividad productiva. Y esos
impuestos provienen, como se pueden ustedes imaginar, de los recortes en
servicios públicos. Círculo cerrado. Aunque ya ayer planteamos algunas
alternativas, en las próximas semanas hablaremos de las políticas radicales que
hay que tomar para salir de este agujero y círculo vicioso.
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